En la cultura japonesa surgió el ikebana, que
desde Occidente puede interpretarse como unas normas para realizar arreglos
florales con una estética distinta a la occidental. Pero el ikebana es algo
más, es un antiguo arte que emerge de un respeto hacia la naturaleza
profundamente arraigado en la cultura japonesa, como otras muchas formas de
arte japonés, tales como la caligrafía, la ceremonia del té y la poesía haiku.
El ikebana es una disciplina basada en una forma de vivir en comunicación con
la naturaleza– un do o filosofía.
El poeta japonés de Haikai, Matsuo Basho (1644-1694), escribió en uno de sus
diarios, “Todos los que logran
sobresalir en el arte poseen una cosa en común: una mente en comunión con la
naturaleza a lo largo de las estaciones... y todo lo que ve una mente así es
una flor y todo lo que una mente así sueña es la luna...”

El hecho de que las obras sean efímeras,
debido al material de que están hechas, lo convierte en
un acto de reflexión sobre el paso del tiempo.
El origen de este arte, de más de 500 años de
historia, fue religioso,
pero actualmente se ha exportado a todo el mundo, y se ha convertido en un hobby de la clase alta europea y norteamericana.

Otro aspecto en el presente ikebana es su
empleo del minimalismo. Es decir, un arreglo puede consistir en sólo un número
mínimo de flores esparcidas entre los tallos y hojas. La estructura de un arreglo
floral japonés se basa en un triángulo escaleno definida por tres puntos principales,
por lo general ramas, considerada en algunas escuelas para simbolizar el cielo,
la tierra y el hombre, y en otros, el sol, la luna, y la tierra. El contenedor
también es un elemento clave de la composición, y varios estilos de la cerámica
pueden ser utilizados en su construcción.